Matadero Municipal
El año 2013, pese a todos los anuncios para mejorar la seguridad en la ciudad de Cali no disminuyó el número de muertes violentas. Ocurrió lo contrario.
El asesinato de más de 1970 personas demostró que no se consolidó ninguna política pública para manejar la ciudad en este sentido.
En dos años del gobierno de Rodrigo Guerrero han matado en las calles a más de 3.800 personas, sin contar a los que han sobrevivido en los andenes y el asfalto y mueren días después en la cama.
La crisis social que azota a Colombia se refleja en Cali con mayor violencia por ser una ciudad ubicada en un sitio clave para actores armados, por los corredores hacia el Pacífico y hacia las cordilleras occidental y central, en cuanto facilita el contrabando, el narcotráfico y las actividades delincuenciales.
Cali es además, una ciudad que atrae a los migrantes desempleados y a los desplazados.
La prohibición de la cocaína es la causa principal de gran parte de la violencia. En Cali esa violencia urbana disminuye la calidad de vida. Lamentablemente según el informe ‘Global Barden of Armed Violence’, presentado en Ginebra, Suiza, Cali pasó a registrarse como la cuarta ciudad más violenta del mundo, tiene una tasa de homicidios altísima por cada 100.000 habitantes.
Las armas de fuego son el mayor generador de esta violencia.
Angélica Durán, candidata a doctora en ciencia política en la Brown University ha expuesto que, “El nexo entre pandillas y crimen organizado debe ser una preocupación esencial de política pública, pero es preciso entender y desagregar las múltiples formas como esa conexión tiene lugar, y dejar de pensar que eliminar pandillas es sinónimo de eliminar violencia. Es crucial evitar que las pandillas consoliden sus lazos con el crimen organizado para que la violencia no se vea exacerbada”.