Mate en dos movimientos

Rodrigo Fernández Chois

Un sudor frío recorrió su espalda. El mandamás nunca imaginó verse enfrentado con el número uno del mundo. Sí, le había insultado innumerables ocasiones, pero jamás se sospechó que fuera a tenerlo como rival.

En el tablero sus pocas piezas contrastaban con el descomunal e intacto ejército de su adversario. ¿Qué opciones tenía? El tic tac del reloj le martillaba la cabeza, pero más irritación le producía la banderilla roja que desde más allá del tablero indicaba que tenía pocos minutos para hacer una jugada. El único peón nunca alcanzaría la octava fila para coronar. Estaba tan lejos como si de otro hemisferio se tratase.

Entonces, por su mente pasó la posibilidad de ponerse de pie, inclinarse ante su opositor y reconocer que había perdido. No solo le pasó por su cabeza… ¡Lo deseaba! Pero ahí estaba su infeliz caballo y su ladino alfil que no lo dejarían hacerlo.

Ambos sabían que si perdían sólo les esperaba el encierro en el oscuro y apretado cofre. De reojo miró sus piezas que se encontraban ya fuera del tablero y que anhelaban el final de la partida.

¿Sería acaso posible intentar un juego de nunca acabar y lograr tablas? Alzó la mirada y se topó con los penetrantes ojos de su rival y su sonrisa socarrona. No, definitivamente no era posible hacer tablas.

Su antagonista tenía que ganar y así lo había hecho saber en la rueda de prensa. El número uno del mundo nunca habla por hablar o perdería respeto en la comunidad ajedrecística.

De repente, la voz cruda de su oponente lo apartó de sus pensamientos… “Mate en dos movimientos”.

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martes 26 de febrero, 2019

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