Mi general

Fabio Ariel Cardozo

Colombia espera que a pesar de la gravedad de lo acontecido ocurran por lo menos tres cosas: 1- que de ninguna manera se trunque un proceso hasta ahora exitoso, teniendo en cuenta las complejidades propias de una negociación que intenta superar un conflicto de más de 50 años; 2- que se ponga en libertad a este alto oficial y a sus acompañantes y que, por supuesto, sean objeto de un trato digno; 3- y que se reflexione sobre los riesgos que implica en esta etapa de la negociación, seguir adelantándola en medio del conflicto.

Es importante entender que el Gobierno no hará ninguna concesión como resultado de la liberación del general, que se verificará, sin duda, pero no tan pronto como lo espera el país, espoleado por los medios.

Hablar de un alto al fuego no hace parte de la agenda gubernamental, la experiencia indica que la guerrilla le sacaría provecho y el proceso podría eternizarse, agotándolo políticamente a riesgo de conducirlo al fracaso.

De otro lado, cada vez que se presente un acto de guerra, la misma que está ‘pactada’ por decirlo de alguna manera -recuerden que el Gobierno decidió negociar en medio del conflicto-, el proceso se pone en riesgo, más aun, un bombazo de los enemigos del proceso lo pondría en aprietos.

Haciendo un balance de las razones en favor y en contra, es preciso considerar la necesidad de una tregua, temporal si se quiere, con condiciones y metas precisas.

Sobre este proceso descansa una enorme expectativa política, social, económica, cultural e histórica, para no hacer lo que esté a nuestro alcance para fortalecerlo.

Creo que este episodio, como ocurrió con el secuestro de Gómez Hurtado, de tramitarse inteligentemente, puede desencadenar a favor de la paz.

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    jueves 20 de noviembre, 2014

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