Mi otro yo con filtro

Rodrigo F. Chois

Hay quienes pasamos ratos por las nubes y también quienes viven en ellas. Y asimismo individuos cuyas mentes deambulan en contextos diferentes a la realidad.

Estos últimos enriquecen con sus conductas y creencias el amplio vademécum siquiátrico debido a una impresionante gama de delirios, trastornos y alucinaciones.

Hago esta reflexión pensando en las posibles consecuencias adversas que pueden traernos los modernos filtros embellecedores que han sido boom entre los usuarios –y especialmente usuarias- de las redes sociales.

Pero… ¿Quién de nosotros no quiere ser bello y sentirse deseado? He ahí el éxito de estos crueles y desalmados algoritmos.

Estamos ad portas de la maldición de Narciso, aquel personaje mitológico que se enamoró de su propio reflejo en la fuente, imagen que ahora que lo pienso pudo verse modificada por la refracción de la luz o la caricia del suave viento sobre la superficie del agua. ¡Sí, exactamente tal y como lo haría un filtro!

La perfección aurea que conciben los algoritmos encargados de dar vida a los filtros embellecedores seguramente repercutirá en disociaciones de la realidad entre muchos usuarios.

¿Será que la autoestima y la belleza interior podrán ganar una batalla donde el ideal de belleza se convierte en el Todo Supremo?

Recordemos que Narciso muere sólo. Desconectado de la realidad y adorando exclusivamente su bella efigie reflejada. Y cuando perece ahogado en las profundidades, solo una voz lo llora.

Es el lamento de la fuente que solloza no porque ame a Narciso sino porque ya no volvería a ver su propio reflejo en las pupilas del muchacho.

¡Cuidado con los filtros embellecedores!… El veneno está en la dosis.

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martes 28 de febrero, 2023

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