Nala
En esta época de reflexión, de encuentro entre amigos y familiares, de renovación de espíritu y entusiasmo, también de adioses que se aplazan, cae una valiente guerrera en una mina de las que llaman los bandidos de la guerrilla como “quiebra-patas”.
Se trata de una bella perrita de raza labrador, que siempre estuvo atenta con su olfato preciso a detectar las fatídicas minas que los subversivos que claman paz y que piden a los estudiantes universitarios que hablen por ellos, instalan en las montañas o senderos por donde se supone pasará la tropa del ejército constitucional o la policía nacional para atentar contra su vida o su integridad.
Este 16 de diciembre se despidió a Nala con los honores militares que merece quien ha luchado infatigablemente por derrocar la subversión y sus compinches, los cultivadores de coca.
Estaba en su tarea, para la que fue educada, surcando algún tramo de un cultivo de coca en Tumaco que iba a ser objeto de erradicación cuando activó una mina quiebra-patas, y aun yéndose de este mundo mal herida, logró salvaguardar la vida de 15 policías que estaban cerca de ella en el proceso de erradicación de matas de coca.
¿Esa es la tal paz que pide el ELN?, ¿La que pide un monseñor que no hace sino ser vocero mimetizado de quienes no dan brazo a torcer? Olvidan que Nala ha caído en combate, y por ella prenderé una vela silenciosamente en su honor, en este diciembre. Confiamos, al sociedad civil y de bien, que la Navidad permita que haya una reflexión más profunda y objetiva para alcanzar el cese del conflicto armado.