No cesa la violencia en el Cauca
El suroccidente colombiano no termina de recuperarse de las consecuencias económicas de la última minga indígena y ya se está gestando una nueva protesta masiva por los asesinatos de miembros de las comunidades étnicas.
36 indígenas murieron durante este 2019 por la violencia en el Cauca y hay temor en la población por el constante asedio de grupos ilegales que estarían enviando panfletos amenazantes.
Muchos son los factores que hacen que esas tierras sean epicentro de conflictos armados, sin embargo, pareciera que los indígenas del Cauca tratan a soldados y policías como enemigos. Son de reciente recordación episodios en los que un grupo de integrantes de la minga amenazó con armas blancas a los uniformados y la retención de soldados que fueron humillados en las movilizaciones.
No ha sido fácil la tarea de militares para velar por los derechos de los pobladores, sumado a que son territorios protegidos en los que existe restricción para el ingreso de organismos de seguridad. Por el riesgo de nuevos hechos de violencia en contra de estas comunidades es necesario que se permita la acción de la Fuerza Pública y que se realicen las investigaciones que den claridad frente a la fuente de los crímenes, que inicialmente han sido atribuidos a las alianzas de organizaciones de delincuencia. En este punto la crítica contra las fuerzas castrenses es injusta, porque si bien tienen la obligación de arropar a todos los ciudadanos, su tarea no se facilita cuando reciben agresiones.
Por eso antes de pensar en nuevas movilizaciones que paralicen el sur del país, hay que facilitar el acceso de la institucionalidad, permitir que las autoridades cumplan su función.