Nos estamos quedando cortos
Puedo decir, sin temor a equivocarme, que una de las riquezas más grandes que puede tener un país es la educación que recibe su población. Allí se siembran las bases de los futuros profesionales, empresarios, líderes, científicos que darán lo mejor de sí para hacer andar la economía del país y por ende una prosperidad que ojalá sea para todos.
Hoy en Colombia nos estamos quedando cortos frente a la amplia necesidad de brindar una educación no solo con cobertura, sino también con calidad y pertinencia.
Sabemos que en términos de cobertura se llega a muchos rincones del país, pero con infraestructuras que muchas veces amenazan la vida de los estudiantes y maestros, en condiciones con difícil acceso al agua y por ende con una deficiente ejecución del PAE.
Especialmente en las zonas más vulnerables de las ciudades y en las veredas más apartadas, en donde con mayor fuerza debería llegar este programa para evitar deserciones y así cortar ciclos de pobreza y afrontar un poco los altos índices de desnutrición que se viven en estas zonas.
El Gobierno lleva poco, pero tiene un reto monumental porque el cambio verdadero se logra es con educación. En debate de la Comisión VI de la Cámara, de la cual hago parte, daba mucha tristeza ver las condiciones en las que estaban tantas instituciones educativas que no se habían reparado no por falta de recursos, sino por burocracias y negligencias que están en investigación.
¿Cómo un niño va a poder estudiar tranquilo si en cualquier momento se le puede caer el techo encima? Urge revisar con lupa qué está pasando con los recursos para la infraestructura educativa y que no se están ejecutando adecuadamente.
Sobre los colegios públicos, los cuales están educando a la mayoría de nuestra población estudiantil, no los estamos monitoreando con la suficiente rigurosidad para saber si la educación que están impartiendo los docentes es de la más alta calidad. En países como Estados Unidos o Alemania, la calidad de la educación pública es la más alta porque entendieron que este derecho debe ser brindado en las mejores condiciones para todos y así lograr una sociedad más próspera.
Y respecto a la pertinencia, estamos teniendo una falla profunda que nos está alejando de las necesidades reales que tienen las regiones para que nuestros jóvenes se empleen ahí y no se vean obligados a migrar. ¿Porqué en la ciudad-puerto, Buenaventura, no existe formación en todo lo que respecta a logística aeroportuaria, comercio exterior, entre otros? ¿Porqué no hay una educación en las regiones que responda a la vocación de dicha región?
Los retos que tenemos son monumentales, pero para resolver un gran problema hay que empezar por emprender acciones paso a paso. Yo desde el legislativo seguiré apoyando y gestionando todo lo necesario para que estos ejes mejoren y así se vea reflejado en la calidad de vida de tantos jóvenes que tienen esperanzas en poder construir un mejor país. Pero mi llamado siempre amable al Gobierno es: nuestro presente y futuro no da espera.