Nos salvan el masato y el pandebono
Se nos podrá decir que a Cali no le afectan los problemas, pues no perdemos nuestra esencia alegre y multiétnica, gracias a nuestra idiosincrasia. Eso es cierto, pero, no podemos taparnos los ojos ante situaciones complejas que de alguna manera nos afectan.
Los problemas de la ciudad vienen desde tiempo atrás, desde antes de Armitage, porque hemos estado de malas cuando se eligen alcaldes por voto popular; muchos estamos convencidos que a nuestra ciudad le iba mejor cuando se nombraban alcaldes por decreto. Ahí están obras y cifras, que se pueden contrastar.
Empecemos por mencionar la construcción de edificios de apartamentos en la parte media de la loma que conduce a Cristo Rey. Horrible. Y en el resto de su entorno, con invasiones permitidas por candidatos y alcaldes que buscan los votos de quienes por esos lados invaden, sin importar la vista y el medio ambiente no solo de allá sino también del resto de la ciudad. Qué tal que ahora se esté rumorando que el estadio “Pascual Guerrero” no será tenido en cuenta para la próxima Copa América, por tener deficiencias, como la sala para periodistas, la cancha y la iluminación. ¿Acaso no se invirtieron en él la no despreciable suma de $120 mil millones de pesos? Las vías internas de los barrios y de arterias principales vueltas añicos, sin posibilidades a la vista de ser reparadas. Con un Dagma inexistente ya que sus funciones las asumieron las empresas privadas de aseo. Y Con una Emcali sin vías de solución cada cuatro años. ¿Es eso justo? Cali merece mejor suerte.