Ochenta veinte

Escuché por primera vez el nombre de Pareto cuando cursaba mi carrera de economía.

Recuerdo unas ecuaciones intrincadas que al final conducían a una simple, sencilla y perfecta gráfica en la que se podía determinar que el punto ‘Pareto’, un punto en el que se cruzaban muchas de las líneas del plano, representaba lo mejor de todas las opciones posibles.

Me maravillé al comprobar por primera vez que el lenguaje de Pitágoras y Euclides se podía utilizar para comprender -e incluso predecir- las decisiones viscerales del hombre.

Descubrí luego que fue el mismo economista italiano Vilfredo Pareto quien nos reveló la famosa regla ‘ochenta veinte’, también conocida como ‘principio Pareto’.

Fue este economista un observador de la sociedad humana y gracias a ello descubrió que el veinte por ciento de la población poseía el ochenta por ciento de la riqueza; que el veinte por ciento de los hombres poseía el ochenta por ciento del poder… y así, ídem en diversos espacios de la comedia humana.

Quise escribir sobre Pareto para complementar mi pasada nota sobre el uso del tiempo, y más concretamente sobre su recomendación de que nos enfoquemos en el veinte por ciento superior de todas nuestras prioridades para obtener la devolución del ochenta por ciento de nuestro esfuerzo.

Sin embargo, al recordar a Pareto, se me vino a la mente su teoría de los dos bandos políticos. Los leones y los zorros. Los primeros, conservadores y burocráticos; los segundos, calculadores y materialistas.

Una pugna por el poder que finalmente conduce inexorablemente al ocaso, a la decadencia y a la revolución. ¿Por qué será que se vino a la mente esto último?

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    miércoles 14 de mayo, 2014

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