Pan y palabra

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

De pan vive el hombre, pero también de la palabra. Uno es alimento corporal y ella fundamento espiritual. Bien cabe una analogía entre los dos alimentos: se ara la tierra, se siembra la semilla, se cosechan las espigas, se transforma en harina, se amasa la levadura, se lleva al horno y listo para el consumo humano.

Los autores siembran en las páginas en blanco, amasan ficciones y realidades, sus editores las hornean en la imprenta y listos para llevarlos a las librerías donde los encontrarán los lectores. Tal vez estas dos aventuras las desconozcan los niños y más en estos tiempos de los hipermercados que ofrecen los productos listos e importados y cuando se vuelve costumbre descargar libros virtuales.

Los muchachos de antes tuvimos la oportunidad de conocer esos dos milagros porque muy cerca hubo trigales y las harineras hacían parte de las industrias urbanas. En San Nicolás había imprentas de puertas abiertas que nos permitían ver que acudían los autores o sus editores, los linotipos que imprimían las páginas y finalmente el milagro de parir lo libros que trasladaban hasta las librerías.

Recuerdo que cuando abría el libro Nuevas Lecturas Escolares, me imaginaba frente a Álvaro Marín, escuchándole porque lo había conocido en persona presentando su libro. No basta decirles a los niños que quien lee un libro no vuelve a ser el mismo, debemos invitarles a la Feria Internacional del Libro de Cali para que conversen con quienes les sembraron el trigo, sus ideas, y con quienes les inyectaron la sangre, la tinta en sus páginas, es decir con sus autores y editores.

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viernes 11 de octubre, 2019

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