Paz sin oposición
El apoyo que recibió el presidente Santos de la izquierda y la derecha puede verse como una simple estrategia electoral.
Sin embargo, si miramos con profundidad, lo que representa esta coalición entre tendencias políticas tan disímiles es una apuesta por superar las diferencias ideológicas entre la izquierda y la derecha para lograr los objetivos que nos unen como colombianos. Esto es, en el fondo, lo que representa la Tercera Vía.
La coalición que apoyó al presidente Santos estuvo conformada por partidos y movimientos de muy diversa índole, que hoy tienen la oportunidad de buscar objetivos comunes, enriqueciendo un programa de gobierno sin que ello signifique que haya unanimidad.
Al apelar a una Tercera Vía, lo que se quiere es que la izquierda y la derecha mantengan su identidad y sus diferencias, pero que superen los odios históricos que hoy algunos pretenden exacerbar.
Este no es un modelo reciente ni una idea novedosa. Parte de reconocer que tanto el mercado como el Estado, por sí mismos, son incapaces de proveer los bienes y servicios que necesitan los ciudadanos.
En esa medida, la Tercera Vía busca diseñar Estados en donde exista mayor igualdad, mayor eficiencia y más prosperidad económica.
Aunque el anuncio del presidente Santos de que liderará el país a través de un gobierno de la Tercera Vía generó gran expectativa, esta concepción requiere contenido.
Es indispensable definir unos objetivos de gobierno, acompañados de planes de acción, política y económicamente viables, para que llenemos de contenido esta Tercera Vía con todas las fuerzas políticas que conformamos la coalición, pero también, con aquellas otras que no hicieron parte de ella. La paz no puede tener oposición.