Peatones extraños en el bulevar
Nuestros barrios populares nacieron trazados por líderes que a pesar de no poseer conocimientos científicos sobre planeación, diseñaron manzanas, calles, carreras y avenidas, que años después fue fácil incorporar en la nomenclatura urbana y en los mapas de la administración municipal. Fueron los casos del barrio El Rodeo y medio siglo más tarde de las comunidades que conformarían el Distrito de Aguablanca, donde fue factible la prolongación de las avenidas Simón Bolívar y Ciudad de Cali, como la proyección de sus avenidas troncales y la construcción de estaciones.
Pero cosa diferente refleja el accionar de los ingenieros que desde el departamento de planeación se han encargado de proyectar las obras de transformación de la ciudad, quienes decidieron abrir espacios peatonales reduciendo las pocas vías vehiculares, por ejemplo, sobre la avenida del río Cali. Otras veces, de manera incomprensible, sus medidas atentan contra el poco sosiego que gozábamos los caleños, por ejemplo, señalando vía vehicular sobre el bulevar de la Avenida Colombia para que circulen algunos buses del masivo.
La medida nos privará de sentir más la brisa de las tardes. Entonces, ¿qué sentido tuvo la gran mega obra del hundimiento de la avenida Colombia que entre sus objetivos estaba el ofrecernos un espacio merecido para que lo disfrutáramos tertuliando? Las congestiones vehiculares y la zozobra que cunde sobre las calles que parecen andenes y viceversa, intuyen que nuestras administraciones municipales han carecido de políticas urbanas, concertadas y acertadas. ¿Seguiremos jactándonos de la ciudad del milenio, mientras los peatones pasan extraños, temerosos y arriesgando sus vidas sobre el bulevar de la avenida Colombia?