Peculiar forma de ser exitoso

Francois R, Cavard M.

Hay que ver todo lo que logró ese vetusto autócrata mientras estuvo en el poder. Para empezar, es increíble lo exitoso que fue este ególatra neutralizando la odiosa y vanidosa autoestima que pudieran llegar a cultivar sus más de once millones de conciudadanos, lo efectivo que fue castrando cualquier peligroso deseo de su gente por obtener logros personales, por distinguirse de los demás como consecuencia de su esfuerzo, de su dedicación, de su disciplina, de sus capacidades, de su trabajo, y de su inteligencia…

Igualmente exitoso, rayando incluso con arrollador, fue este anciano déspota cuando cortó de tajo con cualquier posibilidad de sana competencia creativa entre sus compatricios, cuando decidió que no permitiría que compitieran entre ellos para mejorar, para aprender, para evolucionar, y en cambio optó por crear y sembrar en la atemorizada y parasitaria sociedad de su isla unas tensiones psicológicas artificiales que los mantendrían en unos niveles de paranoia insoportables, niveles de desconfianza inoculados que dividieron familias, destruyeron lazos de hermandad y tienen a las personas recelando incluso de lo que ven, de lo que oyen, de lo que sienten, y de lo que piensan…

Pero la mayor notoriedad del vejestorio insurrecto caribeño  fue que, contrario a lo sucedido en la Unión Soviética, Checoslovaquia, Bulgaria, Albania, Alemania del Este, Hungría, Yugoslavia y Rumanía, entre otras avinagradas catas comunistas, en la empobrecida isla de la redevolución Castrista, ese matusalén verde oliva no solo plantaba cara ante el mundo para que nadie diferente a él fuese a reclamar la autoría de semejante descalabro, sino que además se esforzó por mantener vigente su estruendoso revés. Nadie puede negar que fue exitosísimo fracasando.

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    martes 29 de noviembre, 2016

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