Perdiendo lo bailado
Empieza el nuevo año y con él también afloran las jaquecas, los guayabos y las neuralgias como consecuencia del boom gastador decembrino. ¿Quién en sus ardorosos cabales pudo abstraerse de las compras y los consumos emocionales que entrañan la Navidad y nuestra fogosa Feria?! Aunque muchos afirmemos y juremos que nada ni nadie nos quita lo bailado; cuando en enero llegan las cuentas y los extractos causados justamente por la gran fiesta, los mismos que juramos solemos concluir –y con mucho dolor- que la sentencia del popular refrán español de que “nadie nos quita lo bailado” es más una cruel ironía del destino que una moraleja de sabiduría popular. Y es entonces cuando el propósito de año nuevo de organizar nuestras finanzas personales adquiere una especial prioridad; qué digo especial, más bien una urgente necesidad. Cinco serían los consejos pertinentes para aquellos que coincidan con la opinión de esta nota editorial: Primero: ajustar nuestros gastos a nuestros ingresos. Parece una exhortación de Perogrullo pero se sorprenderían pacientes lectores de la inmensa mayoría de personas que hace justamente lo contrario. Segundo:
hacer presupuestos; solo lo que se mide puede ser controlado. Tercero: utiliza muy bien el crédito; dicen por ahí que se puede perder todo en la vida menos el crédito. Cuarto: ponerse metas y objetivos; sin un norte claro no se puede trazar una ruta. Y finalmente, apoyémonos en la tecnología; actualmente existen diversos programas –la hoja de Excel incluida- que pueden facilitarnos mucho los cálculos y ayudarnos a construir saludables hábitos financieros. En materia de finanzas personales la afirmación de Bill Gates de que los computadores nacieron para solucionar problemas que antes no existían no aplica.