Petro o la última emboscada
No podemos seguir a estas horas del chico haciéndole coro al memorial de agravios que contra Petro se ha elaborado, reclamándole porque no gobernó bien.
Este memorial rimaría si el presidente fuera un creyente en la democracia liberal y no un agente del liquidacionismo que, desde el momento mismo de su posesión le notificó a los colombianos que sus símbolos iban a ser la bandera del M19 , la espada de Bolívar y sus interlocutores la Guardia Indígena, las primeras líneas y los ejércitos del narcotráfico.
Este País que diseñó Petro tiene su prueba de fuego el 31 de mayo, cuando se terminen exactamente las votaciones para que a partir de las 4 de la tarde y cuando el reloj marque las 6 pm, la última emboscada inicie su festín, redondeando la faena sostenida por Petro en todo su mandato, de tener la calle como su agente validador.
Exactamente la primera vuelta adquirirá una importancia que en el papel no se alcanza a divisar, pues en ella se configurarán varios escenarios.
Quizás 3 o seguramente 4, en los que las hordas de los interlocutores petristas entrarán a jugar el rol de incentivar el proyecto del Pacto Histórico de tomarse el poder, pues ya Petro en la elección pasada y bajo las garantías de la democracia electoral se hizo elegir presidente.
Cómo los autócratas del presente y del futuro, que en el caso particular de Cepeda sería en América el primer miembro que de un partido comunista llegaría al poder, indicando que no habría regreso, pues Cepeda es hijo de la combinación de todas las formas de lucha y una mezcla extraña y bizarra de Lenin y Stalin, dejando a Petro como un pequeño aprendiz de brujo al lado de lo que significa el proyecto político de Cepeda.
Cumplidos ya los términos de la agenda liquidacionista de Petro, que no ha sido otra cosa sino fragilizar los hilos conductores del equilibrio de los poderes públicos, se dará inicio a la segunda etapa, que a partir de los siguientes escenarios definirá el futuro del país.
Miremos en detalle. Si Cepeda gana en la primera vuelta de manera amplia, pero sin cumplir el requisito de más del 51%, la lógica petrista montará tomas de las ciudades grandes y pequeñas del país y Cepeda será “proclamado” como presidente o a la manera de la edad media “ungido” y las calles se convertirán en el factor definitivo para inhabilitar políticamente la segunda vuelta.
Si en la primera vuelta es derrotado por Abelardo o Paloma, el discurso agitacional de Petro, apuntará a profundizar la descalificación del proceso electoral y enarbolará las banderas del fraude y apostará por impulsar la reedición de las tomas terroristas del 2021, mal llamadas “estallido social”, generando una situación de caos que alimentará la dinámica agitacional y colocando a Cepeda como un martir de la democracia burguesa.
Finalmente, si es derrotado de manera definitiva y concluyen te en la primera vuelta, Petro aceitará su tesis del golpe de estado y entonces las horadas insurrectas urbanas se tomarán por tiempo indefinido los edificios público, la guardia indígena bloqueará las entradas y salidas de las ciudades y las mingas saldrán desde la universidades a decretar la inmovilización total, mientras que los ejércitos armados del narcotráfico, redoblarán el caos notificando que los más de 300 municipios en los que ejercen control total pues, ya en este momento, son para ellos zonas liberadas, repúblicas independientes, es decir habrán en Colombia varios Catatumbos y como Petro, ha purgado las fuerzas militares retirando más de 60 oficiales, es posible que se sienta validado para creer, a la manera leninista, que ya tiene ejercito propio.
Este desorden creará las condiciones objetivas para que florezca en las calles el proyecto de autogolpe, que con tanta insistencia hemos venido alertando algunos sectores de opinión del País.
Lo cierto es que se impone como tarea de los candidatos, cuyas campañas forman parte de la oposición al régimen petrista, denunciar y alertar a la comunidad internacional, de como Petro romperá todos los límites de respeto al resultado electoral e instrumentará, en cualquiera de los escenarios anotados, las tomas de la ciudades, seguidas de la promulgación de un estado de conmoción para darle sepultura a la democracia liberal producto de una emboscada, que tiene como soporte, a la manera de una caricatura de Robespierre, la creación de la Asamblea Constituyente, que ha sido su tesis principal en todas las escaramuzas orquestadas durante su mandato.
Por eso, con urgencia y a toda costa, hay que impedir que la emboscada final se lleve a cabo.