Petro: un cortocircuito
El decreto por el cual Petro asume el control tarifario dejó al sector energético preocupado. No es para menos, es una medida política que puede afectarlo estructuralmente.
Es inevitable en este momento pensar en la situación energética del país en 1992.
Colombia estuvo apagada durante 11 meses afectando la economía y la cotidianidad de todos los colombianos.
El apagón fue producto del retraso energético del país, de la deuda del Estado con las generadoras y de la ineficiencia de las empresas de energía, que en esa época eran públicas y manejadas por los políticos.
En esa época, las decisiones se tomaban política y no técnicamente, algo a lo que Petro parece querer volver.
Bajar las tarifas por debajo del costo es una decisión con graves consecuencias.
¿Qué pasa si las empresas del sector disminuyen sus ingresos sin una proyección adecuada? Lo primero que puede pasar es que disminuyan sus presupuestos para mantenimiento.
¿Cómo nos afecta a los usuarios? Apagones cada vez más frecuentes y cada vez más largos.
En el Valle del Cauca los usuarios tenemos cortes de energía que no superan las 9 horas al año.
En la costa, operada por empresas públicas, cerca de 100 horas.
Otra consecuencia: menos recursos, menos capacidad de inversión para expansión.
Cada vez somos más colombianos y consumimos más energía. Si el sistema no se expande, habrá que racionar el servicio.
Algo que se vive también cotidianamente en el Caribe.
Mi abuela decía que lo barato sale caro y que el servicio más caro es el que no se tiene. En 10 años el panorama de todos puede ser gasolina y gas importado y energía escasa por cuenta de las decisiones “populares” que está tomando Petro.