“Pitanazos” por doquier

Hugo E. Gamboa Cabrera

Lo que hizo Néstor Pitana, árbitro argentino, en unión de sus compatriotas del Var, en la noche del miércoles anterior en el estadio de Río de Janeiro, contra la Selección Colombia, en favor de la de Brasil, que no hallaba la forma de vulnerar el sistema defensivo de los nuestros para empatarle el partido, es una clásica actitud mafiosa en favor de Neymar y sus muchachos. En todo el partido los brasileros, desesperados por ir perdiendo, berracos por el golazo que les anotó Luis Díaz, solo se dedicaron a cometer faltas, a dar codazos sin que el central se diera por enterado. Este árbitro, considerado un excelente juez del fútbol, tiró por la borda toda una vida de éxitos dándole la mano al fuerte, que no la necesitaba, en detrimento de de una selección que, como la nuestra, siendo buena, no tiene el perfume de la brasilera como para imponer condiciones ante la Conmebol, entidad que también ha quedado inmersa en un lodazal de corrupción al pretender justificar ese robo. Ojalá en el momento de la publicación de esta columna, hayan decidido excluir a ese bandido y sus acompañantes, por el bien de uno de los deportes más emocionantes del mundo.

Y si de “pitanazos” estamos hablando, que tal las de Néstor Alarcón, ex-Fecode, quien se voló del país, huyéndole a la justicia divina y a la de los hombres, después de ser responsable de la destrucción de medio país, de la muerte de miles de colombianos gracias al coronavirus y de la mala educación impuesta a través de su sindicato, a nuestros niños colombianos. Pero lo que es peor, culpando al presidente Duque de un posible atentado en su contra, como si no entendiera que el “que siembra tempestades, tempestades recoge”, empezando por los de la “primera línea” que debieron sentirse defraudados al enterarse que uno de los que los insertó en tremendo problema, los dejó embarcados, en todo sentido. Ni mencionar a la ex-colombiana y ahora francesa Ingrid Betancourt, quien en su secuestro padeció todos los inconfesables delitos que le infringieron los señores de las farc, venga a apostrofar del gobierno que la rescató y le devolvió su estatus social. Uno no puede ser tan hifuemadre en la vida.

Y a propósito del cura De Roux, director de la Comisión de la verdad montada por Santos para que desde allí se declaren inocentes los responsables de tantos crímenes execrables, es de la confraternidad religiosa de los Jesuitas, confraternidad que con la llegada de Fidel Castro al poder en Cuba, sufrió el exilio inmediato por orden del dictador, quien no quería ver en su isla un sacerdote de estos, pese a que estudió con ellos la educación básica y media. Vaya a saber uno qué le causaron para tanto odio.

Lo cierto es que en el mundo estamos y, en la condición humana, todo es factible.

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domingo 27 de junio, 2021

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