¡Pobre Colombia!

Hugo E. Gamboa Cabrera

Cuando Simón Bolívar ordenó fusilar a 22 colombianos por corruptos, se creyó que esa era una decisión suficiente para controlar los desafueros contra el Tesoro Público, pero nanay cucas. Tal parece que el ADN nacional es ese, amén de otras naciones latinoamericanas. Lo del senador Armando Benedetti es la punta de lanza de tan perversa maniobra contra los derechos e intereses de infinidad de colombianos a los que esos dineros desfalcados servirían para realizar tantas cosas de orden social o para desarrollar programas que requieren regiones tan paupérrimas como el Chocó, la Guajira y otras en iguales circunstancias. Es doloroso que haya colombianos que se metan a la política solo con el funesto propósito de enriquecerse a costa de los presupuestos de todo orden, que no tienen amor patrio ni sensibilidad para causar semejante daño. Sabiendo también como actúa nuestra justicia colombiana, pues toca asegurar que en este caso puntual, no pasará nada. La retórica y las justificaciones astutamente elaboradas se impondrán y, el senador en cuestión, con toda seguridad, sabiéndose indemne de todo pecado, demandará al Estado y ganará mucho dinero que, seguramente, será “bien repartido” entre quienes ayudaron a salvarlo. Pero, lo más grave, muchos colombianos lo reelegirán.

Claro que lo del senador Armando no es el único caso. Existen muchos más, conocidos y comentados en todas las tertulias, solo que, han sabido arreglar con dinero y prebendas burocráticas, los desafueros cometidos, sin desconocer al “santo profeta” que tiene mansión en Chía y 18 apartamentos en Santa Ana, lugares cercanos a la capital de la República y que nadie sabe cómo diablos se logró todo eso.

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lunes 1 de noviembre, 2021

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