¡Por esas mentes!
Mi amigo comió un trozo del jugoso churrasco y continuó: “El capital es el peor de los males y base del imperio que nos domina”. Observé mi plato. Pollo a la plancha y ensalada. En el de mi acompañante un cerro de papas fritas y 400 gramos de fastuosa carne.
No pude evitar que su soberbio vientre apretujándose contra el borde de la mesa llamara mi atención. “Y detrás del capital están esas mentes maquiavélicas”. El mesero llegó con una botella de vino. “¡Excelente!, nada como un buen Cabernet y de reserva para acompañar una maravillosa carne”, exclamó mi amigo. Sabía que mis conocimientos enológicos no eran los mejores.
Entrechocamos copas y una noble fragancia me transportó. Imaginé decenas de hombres y mujeres recolectando uvas en alguna lejana latitud en un acto que se describe a mi parecer con una de las más hermosas palabras del castellano: La Vendimia. Reflexioné entonces en el proceso que va desde la recolecta de la uva, su despalillado, fermentación, maceración, crianza y en los centenares de manos que lo hacen posible.
Un suave líquido acarició mi paladar y la mezcla de sabores me hicieron sospechar barriles de roble, procesos modernos de embotellado y una descomunal logística de transporte, comercialización y distribución. Tal era la historia de aquella botella que se encontraba en nuestra mesa.
Concluí que ya no se trataba de centenas sino de miles de manos organizadas por ingeniosas mentes que con su fe, osadía y pujanza nos permitían a mi amigo y yo saborear ese néctar. “Esas infernales mentes capitalistas nos conducirán al absoluto caos”, brindó mi amigo. “Por esas mentes” brindé yo.