Por la libre empresa

Rodrigo Fernández Chois

Me cuesta mucho trabajo creer que, a estas alturas del Siglo XXI y no obstante la lista histórica de experimentos malogrados, haya aún individuos ingenuos que apuesten por la llamada revolución socialista como la salida económica de todo mal.

Hace casi dos siglos y medio un economista escocés publicó un libro que los economistas hemos elevado a status de tratado.

En el libro, que conocemos por el nombre sucinto de “La Riqueza de las Naciones”, se da cuenta de la importancia de la libre empresa y la búsqueda del interés individual como únicos elementos que garantizan el bienestar general de todo sistema económico.

Incluso de manera metafórica Adam Smith, su autor, emplea una idea poética -o cuasi religiosa si se quiere- para enaltecer tamaño prodigio…la llama “la Mano Invisible”.

A muchos estudiosos les gusta más una expresión más inspiradora y menos mística: el laissez Faire, frase francesa que traduce “dejen hacer, dejen pasar” elogiando el libre obrar de la economía, del sistema de precios y, por supuesto, de la capacidad de emprendimiento.

El lema socialista de “a cada quien según su necesidad de cada quien según su capacidad” es una sentencia irrazonable, inconsecuente e insensata económicamente hablando.

Y creía hasta hace poco que tal expresión era desatinadamente insuperable, pero para mi completo asombró me enteré que el candidato presidencial que personifica las ideas socialistas de izquierda, sin retraimiento alguno, soltó esta grandilocuente perla: “la riqueza es de quien la necesita, no de quien la crea”.

Entenderán, pacientes lectores, porqué mi voto será por la opción que resguarde la libre empresa como fuente generadora de riqueza… Y esa opción es Duque.

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martes 22 de mayo, 2018

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