¿Por qué Paloma sí?
Hoy los colombianos sienten en su vida diaria el peso de un país golpeado por la inseguridad, la incertidumbre y la crisis institucional.
La inseguridad se tomó las regiones, las familias viven con angustia por la crisis del sistema de salud, la economía perdió confianza y millones de ciudadanos sienten que el Estado dejó de responderles.
En medio de esa incertidumbre, el país necesita más que discursos: necesita liderazgo, carácter, capacidad de ejecución y sensibilidad social.
Por eso creo que Paloma Valencia sí representa una opción seria para Colombia.
He seguido con atención su propuesta de gobierno y encuentro en ella algo que hoy es indispensable: claridad.
Claridad para reconocer que el país enfrenta problemas reales y valentía para plantear soluciones concretas.
No se trata de una candidatura construida desde el populismo ni desde promesas imposibles, sino desde una visión de orden, autoridad democrática y recuperación institucional.
Uno de los temas que más preocupa a los colombianos es la salud. Hoy miles de personas pasan semanas buscando un medicamento, esperando una cita especializada o recorriendo clínicas sin respuesta.
Las familias sienten miedo porque el sistema está colapsando y porque la salud dejó de ser garantía para convertirse en incertidumbre.
La propuesta de Paloma Valencia pone este problema en el centro y plantea medidas inmediatas para enfrentar la crisis: resolver millones de atenciones represadas, garantizar el suministro de medicamentos, sanear financieramente el sistema y fortalecer la atención en las regiones apartadas mediante telemedicina y hospitales padrinos.
Pero, además, hay algo profundamente importante: entender que la salud no puede seguir siendo una pelea ideológica.
La salud debe ser humana, eficiente y cercana. Debe volver a cuidar a la gente. Y eso implica recuperar un sistema mixto donde lo público y lo privado trabajen para salvar vidas y no para destruirse mutuamente.
También me parece fundamental el énfasis que hace en la seguridad. Porque ningún país puede avanzar cuando el miedo gobierna las calles, las carreteras y los territorios.
Hoy el comerciante paga extorsión, el campesino vive amenazado y las madres sienten temor de dejar salir a sus hijos.
Volvimos, además, a las peores épocas, en las que las familias no pueden salir a pasear por las carreteras de Colombia, porque viven con temor de ser secuestrados o asesinados.
Paloma entiende que recuperar la seguridad no es un asunto de discursos radicales, sino de devolverle autoridad al Estado.
Su propuesta incluye fortalecer las Fuerzas Armadas y la Policía, aumentar la capacidad tecnológica de inteligencia, combatir la extorsión, proteger los entornos escolares y garantizar presencia institucional real en las regiones.
De hecho, ha dicho, una de sus primeras tareas será militarizar la vía Cali-Popayán-Pasto-Rumichaca, que se ha vuelto un corredor de muerte, secuestro y extorsión.
La seguridad no es de derecha ni de izquierda. La seguridad es el derecho de una mujer a caminar tranquila, de un joven a estudiar sin miedo y de una familia a vivir en paz.
Otro aspecto que valoro profundamente es que su visión combina firmeza con transformación social.
Su programa habla de oportunidades para los jóvenes, fortalecimiento de la educación, apoyo a las mujeres cabeza de hogar, salud mental, deporte y generación de empleo.
No es únicamente un proyecto de autoridad; es también una apuesta por reconstruir el tejido social del país.
Colombia necesita volver a creer en sí misma. Necesita recuperar la confianza en las instituciones, en la inversión, en la legalidad y en la política bien hecha.
Y creo que Paloma Valencia tiene la capacidad de liderar ese proceso con determinación, preparación y amor por Colombia.
No se trata de escoger entre miedo o esperanza, entre criminales de un lado o de otro. Se trata de escoger un liderazgo con las manos limpias, que tenga la capacidad de enfrentar los problemas sin negar la realidad del país.
Por eso, hoy digo con convicción: Paloma sí. Hagamos una Colombia más grande.
