Propinas

Leonardo Medina Patiño

Mi amigo Rodrigo González Caicedo, que se ha movido en el medio de la hotelería, siempre ha pregonado la frase que aplicaban en congresos gastronómicos y de turismo: “si los meseros se fijaran más en las mesas, venderían el doble”, y es así.

En ocasiones se hace insoportable la espera para que traigan a la mesa la carta, un aderezo o algún licor. En otras, el mesero no sugiere un buen vino, ni atiende con las buenas maneras que se espera de ciertos restaurantes u hoteles.

Como en todo, hay excepciones, que en estas líneas quiero agradecer. Y me refiero a meseros y maitre de ciertos restaurantes de la ciudad, que la propina voluntaria tasada en la factura es poca, por el buen servicio que prestan.

Allí quiero incluir a Víctor Hugo y Charlie del restaurante Los Turcos; Eduardo y su hermano, como Juan Carlos Sinisterra – el maitre- de Tizones. Pilar, en el hotel Inter, y el Capitán de meseros del mismo hotel.

Peña o Peñita y su inseparable colega, a quien le decimos Simón Bolívar por su semejanza física con el Libertador, en el restaurante El Corzo.

Sin embargo, conozco pequeños lugares donde la atención es descomedida y siempre cobran la propina, llegando al colmo que el propietario se adueñe de ella, abusando del cansancio de quienes deben soportar ciertos clientes y por eso tal vez su mala atención.

Por eso, con la nueva ley 1935 de 2018 que regula las propinas, el destino final de estas no quedará en el propietario del negocio, sino en quienes se la han ganado: los meseros y quienes intervienen en la cadena del servicio.

Comments

miércoles 30 de enero, 2019

Otras Noticias