Proteger a quienes nos protegen
Los episodios de discriminación al personal médico tienen mayor frecuencia de lo que se publica en medios de comunicación. Mientras en el planeta aplauden la función de los empleados de instituciones sanitarias, es inconcebible que unos desadaptados en Colombia sean hostiles con estos héroes.
Sucedió con una enfermera en el occidente de Bogotá, que al llegar a su apartamento encontró una nota conminándola a abandonar el conjunto residencial por “poner en riesgo a la comunidad”. En Montería una enfermera fue agredida físicamente cuando se desplazaba en su motocicleta y el caso del médico amenazado de muerte en Bogotá, es uno más de tantos hechos de intolerancia en el país.
Las ofensas no son las únicas hostilidades, también la falta de equipos de bioseguridad, que en principio deben ser proporcionados por las Administradoras de Riesgos Laborales, ARL, y el incumplimiento de la nómina por parte de las Empresas Prestadoras de Salud o el retraso de las IPS en los desembolsos a los médicos.
Antes de iniciar esta emergencia las deudas a los profesionales de la medicina ascendían a siete mil millones de pesos, en su mayoría por mora en los pagos de las IPS, especialmente a vinculados por prestación de servicios. Esta cifra no tiene en cuenta otros empleados de los centros de salud como enfermeras, camilleros o servicios asistenciales. Es bueno tener en cuenta que los sueldos de los galenos no son los mejores del país.
Más allá de las pretendidas intimidaciones, los mensajes de rechazo a los trabajadores de centros médicos son desalentadores, en momentos en que se requiere del ánimo de estos profesionales para enfrentar la etapa más dura de la expansión del coronavirus, pues aún no se ha logrado aplanar la curva de contagio.