“Puticia”

Fabio Ariel Cardozo

Cuando era estudiante de derecho la mera invocación de cualquier argumento o decisión de los altos tribunales del país era suficiente para entornar los ojos y asumirlo como jurídicamente cierto.

Estas citas de autoridad liquidaban cualquier discusión por acalorada que  fuera. Me imagino hoy la dificultad de un profesor de jurisprudencia o la cara de un estudiante cuando les toca leer o consultar las “tesis” jurídicas de Pretelt, Rojas o Escobar, para citar tan solo un puñado de los “prohombres” que infestan nuestras altas cortes; estos constituyen la mayor vergüenza que se recuerde de la justicia colombiana.

Dan ganas de sumarse a la desobediencia civil y declararse en rebeldía frente a cualquier decisión judicial que pase por sus togas malolientes y corruptas, como incitaba a hacer una reconocida columnista, pero en absoluto, tenemos que seguir cumpliendo con nuestros deberes legales con mayor dignidad que quienes pretenden juzgarnos, esa es la historia que se ha escrito en Colombia, el pueblo ha sido siempre superior a sus dirigentes, pero inferior, frente a su propia redención, estando allí, como estatua de sal, impertérrito ante los abusos seculares.

El posconflicto tendrá que dotarnos de una verdadera justicia que le devuelva la tierra a los despojados, incluyendo los ejidos y baldíos usurpados; que reivindique la tutela como el mecanismo expedito para hacer valer los derechos fundamentales y no  fuente recursos espurios, como ocurrió con el caso “Fidupetrol”; una justicia transicional, con la majestad de poder aplicarse en el proceso con las Farc.

Un juez debe contar con calidades excepcionales para confiarle nuestra libertad y estabilidad institucional.

Un juez tiene que diferenciarse visceralmente del bandido y la musa de la justicia que tiene vendados sus ojos, no descubra sus partes pudendas como cualquier “Puticia”.

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    jueves 21 de mayo, 2015

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