¡Qué importante es aprender de los errores!

Jaime Alberto Leal Afanador - Rector UNAD

Cuando el país, impávido, presenció cómo sicarios asesinaron a los entonces candidatos presidenciales Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán Sarmiento, Carlos Pizarro Leongómez, Álvaro Gómez Hurtado, Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo y Miguel Uribe, entre otros, se creyó en cada oportunidad que “habíamos tocado fondo” y que teníamos que reaccionar como sociedad para evitar estos execrables y lamentables asesinatos, porque de no hacerlo, la violencia extendida gobernaría las relaciones sociales y nuestra democracia se arrasaría en el territorio nacional.

…Y esos tampoco fueron los únicos hechos de alto impacto para la moral y el optimismo de un país que ha presenciado por generaciones un lamentable ciclo de repeticiones de tristes genocidios, que parecen ilustrar la metáfora de que avanzamos un paso y retrocedemos dos.

No solo me refiero a muy sonoros asesinatos de políticos. También hemos presenciado violencia y dolor tras periódicas tomas guerrilleras y paramilitares, violencia urbana, terrorismo criminal, trashumancia, secuestro e inseguridad en incremento, además de 700 masacres en la última década (2015-2025).

Para quien no nos conozca, estos hechos nos mostrarían como una democracia fallida y un país inviable, donde el crimen sí paga.

Si bien parece que como sociedad reiteradamente hemos sido resilientes y hemos sabido superar el dolor, pese al aparente regreso a la normalidad, la sensación de frustración nacional parece mantenerse firme frente a la incertidumbre de que estos hechos, como el peor círculo vicioso, siempre llegan a repetirse.

Y tratamos de olvidarlos y de dejarlos en el pasado, como si eso fuera suficiente para superarlos.

Y recurrimos al folclor, al buen humor, a la peligrosa malicia indígena y a considerarnos personas verracas para salir adelante, para disimular preocupantes patologías adornadas por las balas, la sangre, la corrupción, la drogadicción y los desvaríos de personalidades megalómanas.

Si bien nos hemos adaptado a las dificultades y aprendido a evitar algunas tragedias, esto no ha sido suficiente para declarar que hemos superado definitivamente problemas estructurales de violencia y seguridad que nos asegure, de una vez por todas, el anhelado país próspero, de bienestar extendido y de paz sostenible y duradera.

Es cierto que, como dice el refrán popular, “no hay mal que por bien no venga”. También lo es la célebre frase de Francisco Maturana, el excelso director técnico de nuestra selección de fútbol:Perder es ganar un poco”, igualmente aplicable a la vida cotidiana.

Gracias a hechos lamentables los colombianos aprendimos a mejorar la legislación y los controles de seguridad para evitar, por ejemplo, que haya accidentes fatales por el transporte de maquinaria pesada sin las debidas condiciones de movilidad, que contemos con un estructurado Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, luego de tragedias como la de Armero (1985); que las edificaciones se construyan de una manera más segura tras las normas creadas por el Terremoto del Eje Cafetero (1999) o que tengamos un fortalecido sistema de prevención en salud para casos como pandemias, tras lo sucedido con el Covid 19 (2020-2021).

Y así debe ser. El ser humano está llamado a sobrevivir y a aprender de las tragedias. Ese es su seguro para trascender en el tiempo y para dejar un legado a las siguientes generaciones.

Pero ese aprender demanda una real voluntad de los gobernantes y gobernados, políticas públicas efectivas, sanciones y actuaciones preventivas y oportunas, estudio de las realidades (por aquello de que quien no conoce la historia está condenado a repetirla) y negociación colectiva de las normas de convivencia.

Hoy debemos aplicar la Cliodinámica, que es la ciencia que ayuda a valorar épocas pasadas y presentes para proyectar escenarios futuros, superando los riesgos de repetir situaciones históricas, muchas de ellas motivadas por la ignorancia de los protagonistas sociales. Ello nos ayuda a diseñar esos nuevos escenarios deseables.

Es imperativo, entonces, no solo en el ámbito nacional, estatal, político y de gestión pública, sino también en el personal, familiar y laboral, analizar y aprender de los errores para no caer en el error de no aprender.

No solo es ignorante quien desconoce la historia, sino también quien se niega a cambiarla positivamente cuando experimenta situaciones que, humanamente, nunca deberían haber ocurrido y mucho menos repetirse.

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martes 14 de abril, 2026

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