Que viva el tendero
Quién tenga tienda, que la atienda. Era una retahíla que en otrora repetíamos cuando queríamos comprar algo de urgencia y el tendero no había abierto el negocio. Si uno buscaba a alguien en un lugar desconocido, siempre nos recomendaban al tendero para que nos sacara del embrollo.
Que el tendero estuviera enterado de las historias de sus vecinos, es porque él hace parte del costumbrismo. En “El cartero de Neruda” de Antonio Skármeta, precisamente es la muchacha que atiende la tienda la que inspira los versos al aprendiz de poeta. La chica de la boutique, palabra francesa que significa tienda, hace que Heleno se enamore de ella al pasar por el lugar. Esta es la parte poética de la tienda.
Pero los tenderos fueron un gremio importante para que la historia transitara del feudalismo a la modernidad. Ellos fueron factor fundamental para que los artesanos y los comerciantes innovaran con su actividad económica y naciera el germen del capitalismo, porque después aparecieron los bancos y la gran industria.
En Colombia el tendero fue el eslabón para la independencia y las revoluciones políticas, sino quién no recuerda que el 20 de julio de 1810 fue provocado en la tienda de José Llorente. De ahí que el día del tendero, 26 de agosto, no podía quedar relegado. Los tenderos siguen cumpliendo importante labor histórica, cultural y económica en nuestra sociedad. La mayor decepción que nos pueda ocurrir es que al salir a buscar carne, huevos, azúcar, café, arroz, jabón u otra necesidad, encontremos la tienda cerrada. ¡Que vivan los tenderos en su día!