Rafael Ortega en la Biblioteca Departamental

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Nunca olvidaremos a la profesora que nos tomó la manito para trazar las vocales. Algunos también recordaremos al maestro que nos entregó los pinceles, la paleta y las pinturas enfrentándonos al caballete con un lienzo en blanco.

Eso me ocurrió con el maestro Rafael Ortega, la única vez que me ensayé de artista, en un taller de pintura de un departamento de extensión cultural universitario. Ahora me congratula “Realismo mágico y naturaleza viva”, su exposición abierta al público en la Biblioteca Departamental, del 7 al 26 de febrero, que propiciará interacciones sociales capaces de generar reflexiones y nuevas relaciones con la realidad.

Entre sus 15 obras pictóricas de diferentes formatos y estilos, expuestas, se destacan: Un almuerzo en los cielos (70×100), Homenaje a un grande (72×115), El chico y Chaplin (75×120), El guerrero (90×120), Cien años de mariposas amarillas (60×90), El jaguar (95×110), La Candelaria (100×130).

La exposición rinde homenaje a los obreros al almuerzo sobre una viga a cientos de metros de altura. A Leonardo Da Vinci, el grande del Renacimiento, que le reveló y “le modeló”. Otra, al genial Charlot que lo plasma para la posteridad con sus 79 películas. El maestro Rafael Ortega también quiere inmortalizar como gran guerrero social a Luis Carlos Galán. A García Márquez, que no sólo lo sedujo con su obra literaria, sino por la sentencia de que “el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”. Rafael Ortega es un convencido de que la pintura debe ser más que una simple expresión para el consumo.

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miércoles 5 de febrero, 2020

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