RAP social
Hacía años no pasaba por el colegio Inem de Cali, seguramente desde los tiempos de los tropeles estudiantiles, cuando los jóvenes de secundaria decidieron organizarse y participar a su manera de lo que acontecía en el país, a través de la coordinadora estudiantil de secundaria inspirada por líderes y lideresas de los colegios públicos de la ciudad.
Eran los tiempos del tenebroso estatuto de seguridad y de la política contrainsurgente impulsada por los gringos y acogida con entusiasmo por la oligarquía criolla que impulsó a muchos de estos imberbes muchachitos a la aventura política sin nombre, de enfilarse en las estructuras urbanas de la guerrilla colombiana.
Hoy ese sarampión de rebeldía contagioso que transformó esas vidas encontró vacunas en otras formas de expresarse: la música, el deporte, el baile, también en la constante de la violencia, que mutó en lo social, en lo callejero, en el absurdo; seguro muchos estarán pensando que la violencia expresada en una pedrea también lo era, pero la diferencia es que en las piedras arrojadas con el alma, se intentaba ilusamente construir un mundo mejor.
En el Inem, como en otros lugares nuestros, los jóvenes estuvieron enfrascados en conflictos que amenazaron la convivencia escolar, su salud mental, su estabilidad académica y el riesgo de escalarse como ocurre en la violencia callejera de las barriadas de Cali.
Por fortuna, de la mano de sus profesoras y directivas decidieron contender a través de RAP, esa música urbana que les excita, les soya y les inspira. La pelea, entonces, adquirió voces, movimiento, repentismo, mientras la violencia cedía al ritmo de los artistas. Gracias muchachos por la lección.