Redes
Estamos a pocos días de conocer el nombre de la persona que regirá el destino de nuestra amada nación; y vivimos hoy una campaña interesante, polarizada, percudida e impredecible como ninguna.
Por mi parte he descubierto un comportamiento contradictorio en esta campaña: cuando tímidamente oso revelar en la red la identidad de mi candidato favorito, enseguida soy víctima de dicterios, alfilerazos y reproches que provienen de quienes paradójicamente simpatizan con la candidatura que se ha escriturado la blanca bandera y la paloma de igual plumaje.
¡¿Contrasentido?!
En fin, sea cual fuere el resultado de las elecciones del próximo domingo 15 de junio, habrá implícito en el resultado de ese día el crudo e indiscutible efecto de las redes sociales.
Estaremos ante un fenómeno que, al igual que el de la información casi perfecta que hace impredecible la tendencia de los precios de las acciones bursátiles, marcará una nueva etapa en la política y el voto de opinión en nuestro país.
Que sean buenas o malas las redes sociales, que la desinformación pulula en ellas, que el crimen las suele aprovechar o que terminaremos irremediablemente como sus adictos, es arena de otro costal que consentirá otras líneas en el futuro.
Sin embargo, es incuestionable que con las redes hemos consolidado la sociabilidad que por naturaleza nos reconoció el sabio Aristóteles y enaltecer el arte de la política que nos regaló Zeus.
Una gran red interconectada se asimila a un gran cerebro que ha multiplicado sus conexiones neuronales; a mayor conexión mayor sinapsis; y a mayor sinapsis mayores inteligencias, sea cualquiera de las ocho que existen, o las ocho a la vez. Y parafraseando al Génesis, ¡esto es bueno!