Reflexiones post-electorales
Gracias a Dios esta semana los colombianos despertamos tranquilos. Se van aclarando las dudas y desvirtuando los temores.
Empiezan a borrarse los odios y renace una sola Colombia. La clase dirigente de los partidos vuelve a valorar el recinto del Congreso como el espacio político propio para los acuerdos nacionales y el ejercicio legislativo en bien de la Patria.
Hoy más que nunca se reconoce el modelo democrático como el sistema político que se puede aprovechar para la construcción del Estado Social de Derecho.
Desde luego, la democracia será difícil si los sectarismos siguen imperando sobre el bienestar colectivo, como ocurrió en momentos en que la ética legislativa era desplazada por las componendas contra el espíritu social de las leyes. Pero se llegó la hora de pasar la página.
Los acuerdos pueden pactarse entre los distintos movimientos sin temor a perder la credibilidad entre sus bases, cuando son para permitir las reformas sociales del Ejecutivo acorde a su programa de Gobierno.
Esta semana los ojos del mundo miran a Colombia.
De todos nosotros depende ganarnos sus buenas miradas. Si alguna vez se cuestionó el merecimiento de un Premio Nobel de Paz, llegó el momento de ratificar ante el mundo nuestro sentimiento nacional colectivo y la voluntad de la unidad política de concordia.
Esto se logra siempre que se reflexione libremente. Si otrora se superaron odios partidistas entre nuestros mayores siendo que les faltaba educación política, ¿por qué hoy sería imposible emularles? De ninguna manera.
Llegó el momento de retomar el camino trazado por la Constitución Política de 1991. La paz siempre será el mejor negocio en cualquier país del mundo. Colombia está llamada a ser el faro de Latinoamérica.
Que lo entiendan los que todavía no han botado sus odios.
Por: Luis Ángel Muñoz Zúñiga