Reforma a la Justicia
La reforma a la justicia debe examinar las condiciones para ser juez o fiscal, una reforma ligada a la Fiscalía y a las altas cortes. Muchas personas impreparadas logran ingresar y ascender, son remolones de carrera.
Mucho daño le hacen a la justicia porque no tienen la preparación para enfrentarse a los métodos de interpretación. Un juez en esencia es un buen lector, un investigador, un argumentador, e intérprete.
Conocer las ciencias sociales para poder sortear y complementar las visiones, enfoques y disciplinas que confluyen en un proceso.
La no aplicación de presupuestos apropiados para dotar de todos los recursos a la rama judicial es un óbice, pero la incapacidad de muchos jueces, secretarios y amanuenses no se soluciona con dinero.
La reforma tendrá que contener aspectos que brinden independencia a la rama judicial para no ser interferidos por otros factores de poder que los acogotarían y sesgarían.
La independencia judicial no se puede confundir con lo insular o aislamiento para comportarse con beneficios de casta transformándose en beneficios corporativos que afecten a la población.
En Colombia las injusticias no solo se cometen por la falta de celeridad y atención oportuna de los casos ventilados, se percibe impreparación de jueces, amanuenses y hasta de magistrados, falta de argumentación, estudio a fondo de las situaciones y en muchos casos, desconocimiento de las leyes y la misma jurisprudencia producida por las altas Cortes.
Un proceso lento, tortuoso e inacabable no configura justicia, no permite resolver las diferencias de las partes ni los anhelos y derechos; puede llevar a la intolerancia y la violencia.
O impedir la solución económica que espera el reclamante que tiene esa expectativa por la violación de que ha sido objeto.