Reformas electorales

El ambiente político está al rojo vivo. Una temporada que puede aprovecharse para analizar el sistema electoral colombiano y preguntarse si amerita una reforma.

En las elecciones del 9 de marzo, los votos nulos alcanzaron una cifra histórica. La dificultad de los tarjetones no ha sido vencida por los electores ni por los jurados de mesa.

Las listas cerradas y abiertas generan un sistema complejo para los ciudadanos. Sin mencionar aquello del umbral y de la cifra repartidora que conllevan resultados sorprendentes (candidatos quemados con 25 mil votos o elegidos con solo 7 mil). Ni qué decir del debate en torno a las circunscripciones.

En el caso del Senado, la nacional dificulta que algunos departamentos tengan una adecuada representación en el Congreso e incluso que esté en duda la pertinencia de las de minorías. La comunidad afrodescendiente está en disputa porque sus curules fueron ganadas por candidatos de raza blanca, algo no prohibido en la ley.

En este maremágnum, no se puede dejar de mencionar la elección del parlamento andino que debe repetirse por haber ganado el voto en blanco. Hasta aquí, encontramos bastantes motivos para hacer una reforma al sistema que lo haga más sencillo, comprensible y asequible para los ciudadanos. Una reforma que motive la participación.

No me cabe duda de que uno de los motivos de la abstención es que el sistema es aparatoso. La compleja situación de Bogotá también pone su cuota.

¿Cómo es posible que una ciudad haga elecciones para un periodo de solo año y medio? Si hubiese avanzado la revocatoria, la capital habría tenido dos elecciones en solo tres meses a unos costos exorbitantes.

Y en torno a las presidenciales, ¿vale la pena la segunda vuelta? Muchos temas en los que pueden pensar los nuevos congresistas quienes bien podrían liderar una reforma electoral.

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    lunes 24 de marzo, 2014

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