Roberto Burgos, mi amigo
El día que murió Jairo Varela yo estaba escribiendo en el computador cuando una persona me preguntó en el Facebook que si podía certificar el fallecimiento del fundador del grupo Niche.
El martes 16, cuando terminó el primer tiempo del partido Colombia-Costa Rica me asomé a mi Facebook y me sorprendió ver una foto de mi amigo Roberto Burgos Cantor, en el link del poeta Federico Díaz Granados, quien escribió: “Lamento anunciar el fallecimiento de Roberto Burgos”. Me quedé frío y me decidió por llamar a Heriberto Fiorillo, en Barranquilla.
Fiorillo me dijo que estaba temblando, que ya había hablado con Dorita, esposa de Roberto, que nadie entendía nada. Fiorillo me contó que Roberto había estado 9 días en la costa, en las ferias del libro de Barranquilla y Cartagena.
“Lo vi demasiado delgado, aún con la piel cetrina”. Más tarde pude hablar con Dorita. Estaba conmocionada. Trató de contarme todo el final.
Todo indica que la estadía en la costa lo afectó al regresar a Bogotá. Roberto era muy metódico, pero exageraba con su poco comer.
Era uno de los puntos de conflicto entre Dorita y él. Dorita me dijo que lamenta no haber entendido bien el hecho de tener la mano tiesa ese día, no tenía antecedentes cardíacos.
Trataron de hablar con un médico amigo, luego ya se fueron para urgencias de la Marly. En todo el proceso de reanimación, el corazón no lo soportó. Roberto estuvo consciente todo el tiempo y se echó la bendición antes de morir.
Ayer recibí la llamada de Mauricio Silva, editor de Bocas, quien compartió con él un evento de gastronomía y literatura en Popayán hace 20 días.
También se sorprendió de verlo tan delgado, aunque no lo conocía mucho. Todo esto lo cuento para anotar que nadie esperaba la muerte de Roberto Burgos.
Hace poco ganó el premio Nacional de Literatura con su última novela. Lo llamé y le dije que fuera a comer pandebono caleño en una cafetería de la séptima donde íbamos muchas veces. Nos reímos mucho. Estaba alegre.
Gerardo Rivas Moreno, un luchador y aguerrido editor, publicó una antología cuento colombiano en 1966, la novedad era incluir dos cuentistas jóvenes, tanto que todavía estudiaban bachillerato: Roberto Burgos Cantor, de Cartagena, y Umberto Valverde, de Cali. Rivas me dio su dirección y nos empezamos a escribir. Así nuestra vida, que en un año después nos reunimos en Bogotá para conocernos.
Burgos iniciaba su carrera de Derecho. Me presentó a su otro gran amigo: Eligio García Márquez, quien sería mi gran amigo.
Desde ahí fuimos inseparables para toda la vida. Ahora ya no están Eligio ni Roberto.