Roberto Londoño Cortés
Conocí al excongresista y exauditor de Emcali en la década de los años sesenta en el colegio amado de Santa Librada, de esta ciudad. Fue Roberto un hombre rodeado del mundo cósmico de las estrellas, fue como Aquiles, protegido por los dioses, en el colegio fundado por el general Santander aprendió la buena literatura, bebió del “Mio Cid”, aprendió a leer y a escribir leyendo al Quijote, encontró muchos Sanchos a todo lo largo de su devenir en la tierra y, desde luego, de la mano del maestro Hermilson Jaramillo, del poeta Lenis, igualmente del literato a quien jocosamente le decíamos “Mango biche”.
Roberto desde muy temprana edad albergó en su cerebro un universo azul, fueron sus fotones los que accionaron sus neuronas, que desarrollaron su mente y su pensamiento conservador. Posteriormente lo vi en la escuela de derecho de la Universidad Santiago de Cali, donde se destacaba como un joven brillante que, entre otros, constituía la dirigencia del partido de Caro y Ospina en los estrados universitarios.
Época interesante de la educación universitaria, porque tirios y troyanos existíamos, gracias al estudio de las ideas y a la lectura de importantes textos; el debate político fue fuerte entre la izquierda y la derecha. Como decían los chinos: “Que se abran cien flores y florezcan cien escuelas filosóficas”.
Pues bien, Roberto fue una flor porque sus pensamientos aguerridos, nutridos por el idealismo de siempre, influyeron en la orientación conservadora de la época, me refiero a la década de los ochenta.
Roberto, pulió la piedra angular de su existencia y sacó lo mejor de su espíritu para enseñar valores, para ser tan agradable en la tertulia cotidiana con sus amigos al calor de ese fuego que irriga un buen vino.
Soy testigo de excepción del cariño que le tenia la dirigencia conservadora, entre la cual se encontraba el exministro de Gobierno y de Agricultura, doctor Cornelio Reyes q.e.p.d. Igualmente, el caudillo Álvaro Gómez Hurtado q.e.p.d.
Cuando los clásicos dirigentes de esta colectividad administraban el conservatismo de esta región, personas de inmensa y arrolladora inteligencia como la del maestro Álvaro H. Caicedo, q.e.p.d, llegó el doctor Carlos Holguín Sardi, exalcalde y exgobernador de los vallecaucanos, ministro de Estado en varias oportunidades, y lo adoptó como hijo suyo. Roberto acompañó al exgobernador por todo el norte del Departamento en las batallas del partido. El talante de la inteligencia de Roberto se oyó en todo el Valle. Años después fue el vicepresidente de la Cámara de Representantes, cargo que ejerció con una dignidad y una efervescencia del pensamiento como un estandarte de luz.
Hoy nuestro amigo es una estrella celestial, que goza de la cercanía del Señor y allá en el cielo estará disfrutando de una gran tertulia con los grandes personajes de este país vallecaucano.
Paz en su tumba, algún día fluiremos por el sendero celestial y nos daremos un gran abrazo fraterno.