S.O.S.
Dicen que fue el Titanic el que extendió este llamado de auxilio. Otros argumentan que su popularidad se debe a su sencillez en clave morse: tres puntos, tres rayitas, tres puntos; puede ser. Y hay quienes afirman que representa la frase “Save Our Souls”: ¡Salven nuestras almas!
Como sea que fuere, esta expresión, impresa en tela roja, se ha convertido en la bandera de establecimientos nocturnos que milagrosamente aún siguen en pie de lucha, pero que ya se encuentran al borde del colapso.
El Faro fue el primero en izar la bandera. Y a partir de su ejemplo, todos los establecimientos nocturnos han enarbolado la roja tela con el mensaje en llamado de auxilio. Así lo hice en LadiesNight.
Se habla de reactivación, se arenga que la economía no debe parar y, sí; en las pocas salidas que he realizado durante la cuarentena he visto –y como economista doy gracias a Dios- una ciudad que se mueve, casi que normalmente con los protocolos de bioseguridad, durante el día… Pero al caer el sol la cosa es otra.
Pareciera que hay una satanización deliberada de la noche. La presunción de que el virus y sus dinámicas de transmisión son más laxas durante el día y que en la noche, por obra de quien sabe qué demonio, se potencializan.
La noche y el día son lo mismo. Doce horas de sol o doce horas de luna no son diferentes en lo que compete a reactivación económica como tampoco lo son en términos de expansión virulenta.
El S.O.S. es eso: Un llamado de auxilio de la noche; el clamor por un tratamiento justo; igual al día.