Salam

Rodrigo Fernández Chois

Afirman los que saben que “no existirá paz en el planeta hasta que no haya paz en el Oriente Medio”.

Una sentencia que no es fácil de entender para los hijos del Nuevo Mundo y menos para los nativos de la nación que le rinde homenaje a Colón con su nombre.  Y es que cabe la pregunta: ¡¿qué tiene que ver nuestro largo conflicto con la Media Luna?!

La respuesta, por supuesto, es nada. De hecho, me atrevo a escribir que muchos de los combatientes de nuestro conflicto armado han olvidado o nunca han sabido su porqué. Pero lo que está sucediendo con las huestes de la región donde nació la civilización es distinto. Ellos libran una Guerra Santa, con una génesis especial y con fundamentos poderosísimos.

Razones económicas pueden explicar movimientos geopolíticos y confrontaciones  comprensibles, característica que hace que exista la posibilidad de diálogo entre las partes. Pero cuando los argumentos beligerantes son de tipo religioso y fundamentalista no hay mucho espacio para la conciliación y el entendimiento.

Y esto puede ocurrir  entre seguidores de cualquier tipo de religión, incluso entre los mismísimos adeptos de Brahatmanariyú, el supuesto hijo de Yavé, sobrino de Buda, primo de Alá y nieto de Zeus.

Apartándome de banalidades como el reinado y el futbol, considero prudente observar lo que está sucediendo en el Medio Oriente.

Y por más que escuche o lea tesis como “a los de allá nunca les ha importado lo de acá”, las diferencias que existen aconseja poner las barbas en remojo e implorar por la paz del Medio Oriente: Salam.

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    miércoles 18 de noviembre, 2015

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