Salsa y niños
La Secretaría de Turismo, a cargo de la doctora Martha Lucía Villegas, organizó un primer conversatorio sobre la historia y evolución de la salsa en edad infantil.
En representación de la Secretaría de Turismo el coordinador del evento fue Ramsay Arboleda y me invitaron para participar en el diálogo que se adelantó con diferentes protagonistas de esta temática, como Juan Roberto Vargas, subdirector de la Banda Departamental del Valle del Cauca; Luis Carlos Caicedo, director de Nueva Dimensión; Marisol Molina, sobrina de Piper Pimienta, quien adelanta un trabajo en el barrio Obrero; Jhon Alexander Díez, director de una escuela de salsa, el coreógrafo George Ríos, quien trabaja con salsa urbana, y también compartió escenario el cantante Jimmy Saa.
En realidad se habló de la explosión musical que fue el movimiento de orquestas femeninas, donde se distinguieron agrupaciones como Las Ardillitas y la ChiquiBand, también una agrupación de hombres, como La Charanguita de Luis Carlos (Ochoa), un ejemplo todavía insuperable.
Se habló del auge del movimiento de bailarines infantiles en Cali hasta el 2015, pero de ahí en adelante hay problemas porque surgieron normas que impiden la participación de niños en competencia en el Mundial de Salsa.
En general no existen espacios para exaltar su labor, un peligro que amenaza los semilleros.
Todo esto coincide con la rendición de cuentas de Mariana Garcés en el Ministerio de Cultura. El apoyo de esta ministra para Cali ha sido en una Bienal de Danza, en oposición a otra que existía dirigida por Gloria Castro.
Un supuesto apoyo a las escuelas de salsa que se concentra en todo lo que hace Andrea Buenaventura, una empresaria privada de mucho éxito.
El balance de la Ministra para la literatura en el Valle del Cauca ha sido ninguno. Los músicos son otros abandonados, sobre todo los salseros.
Ciertamente, tanto la salsa en su expresión como baile y música ha sido un fenómeno de expresión del pueblo, sin apoyo del Estado.