Salvar la VIS
Si algo se debe proteger es la prioridad para seguir impulsando la vivienda de interés social en el país.
En primer lugar, porque Colombia debe ser una nación de propietarios y, en segundo primer lugar, porque la construcción de vivienda está asociada a una cadena productiva que, además de dinamizar la economía, estimula el empleo y colma los sueños de miles de colombianos que anhelan dejar un mejor futuro a su familia materializado en una casa propia.
En mi opinión, las políticas públicas implantadas por los últimos gobiernos en materia de subsidios a quienes tienen menos ingresos económicos para acceder a un inmueble han sido asertivas, logrando un impacto positivo en lo social y económico, a tal punto que el sector de la construcción genera hoy alrededor de 1.6 millones de empleos directos y 2.7 millones indirectos.
En el último año, 7 de cada 10 unidades de vivienda entregadas fueron VIS, lo que ha producido una verdadera “explosión” inmobiliaria a partir de proyectos de vivienda nueva en donde participan el gobierno nacional, los entes territoriales, las cajas de compensación familiar, los constructores privados y el sector financiero para acometer una tarea integral y seguir moviendo la economía nacional, satisfaciendo así la demanda interna que continúa creciendo al ritmo de la consolidación de nuevos hogares que “jalonan” el mercado para hacer más atractiva la inversión.
Preocupa que el proyecto de reforma tributaria elimine las exenciones para los propietarios de lotes destinados a la vivienda de interés social en atención a que el costo de la tierra para una vivienda de 150 salarios mínimos no compensaría los gastos causados, perjudicando enormemente las iniciativas de este tipo, ya que se desincentivan las condiciones favorables para la adquisición de inmuebles, al igual que para la inversión en los programas que benefician indudablemente a quienes no cuentan con capacidad de ahorro para comprar de contado.
Creo que el Congreso de la República tiene que proteger a la VIS, manteniendo y estimulando la implementación de planes de mediano y largo plazo que propicien la estructuración de más y mejores oportunidades para los menos favorecidos.
No se entiende cómo el Fisco Nacional podría recaudar más reduciendo los incentivos, cuando son éstos precisamente los que disparan el desarrollo productivo, comenzando por la comercialización de los insumos, los servicios profesionales, la vinculación de nueva mano de obra, el crecimiento del mercado inmobiliario, entre otros factores.
Corresponde a los congresistas actuar con ponderación al momento de estudiar el texto de una reforma que no puede acabar de un “plumazo” con subsidios al sector edificador y que construyen los sueños de los colombianos.
Salvemos la VIS.