San Pacho
Mi amigo Rodrigo González Caicedo, quien en medio de la mimosa a que me invita de vez en vez algunos domingos, me dijo que a la reina Isabel de Inglaterra le prohibieron a sus 95 años tomarse su Martini, su ginebra y el mejor de los espirituosos: el vino.
Y no lo dijo tan protocolariamente como lo acabo de decir, sino que ya con alguna que otra copa de champaña entre pecho y espalda, me habló fue de “Chava de Inglaterra”, como si se tratase de la vecina que sale en las mañanas con lo que llaman las abuelas “levantadora”.
Pero esa es nuestra costumbre, llamamos con cariño a quienes están abismalmente lejos de nuestro diario vivir. Por ejemplo, a García Márquez todos lo conocían como Gabo, pero ya algunos decían era Gabito. A un presidente le llaman por su nombre o por su seudónimo como el “Pollo” López, a una ministra como la “Cacica”, en fin, calidez.
Llega entonces una emotiva y patrimonial celebración que nació en Chocó, en homenaje a un santo como fue Francisco de Asís, caracterizado por la vida austera y su amor por los animales.
Y esta fiesta es en su honor, pero cargada de esa ancestralidad tan nuestra, tan del pacífico y empieza por quitarle esa pompa de nombre y bautizarlo como San Pacho; es decir, lo ponemos a nuestra altura, lo llevamos como a un amigo de tenida festiva, y compartimos en su nombre bebidas, cocina, baile, para conmemorar esta fiesta declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO y se celebrará este fin de semana, en el bulevar del río.