Semana fatal
El miércoles santo me destrozó con la muerte de mi amigo de infancia Humberto Corredor, quien en sus últimos años luchó contra una cirrosis. Crecimos en el barrio Obrero con el mismo amor a la música.
El se fue para Nueva York a los 18 años y se convirtió en un gran coleccionista. También fue productor de 200 trabajos con los más importantes músicos que vivían en Nueva York, incluyendo a Tito Puente, Chocolate Armenteros, Alfredo de la Fe y Mario Bauza. Fundó discotecas prestigiosas en Cali y Nueva York. Influyó en la vida musical de la capital del mundo.
Estaba en medio de este dolor cuando llegó la noticia de la muerte de Cheo Feliciano. Todos creíamos que se moriría de cáncer, pues luchaba contra esta malanga, como decía Celia Cruz, y de pronto falleció en un choque contra un poste, el jueves santo.
A Cheo lo admiré y lo vi toda mi vida, y le hice un conversatorio, con Rafael Quintero y Alejandro Ulloa en el Mundial de Salsa del 2009. Habíamos pactado una hora y media y se extendió una hora más, estuvo contento, cantó a capela y lloró.
Y no salíamos de este dolor cuando llegó la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez desde México, ahí donde lo conocí, gracias a Álvaro Mutis, y por años mantuvimos una amistad mediada por mi cercanía con su hermano menor, Eligio García, quien también murió de cáncer.
Gabo es más que una leyenda, lo comparan con Miguel de Cervantes, y la literatura mundial lo reconoce como su máxima figura, aunque hay algunos colombianos que dudan de su aporte.
Demasiado para dos días. Ojalá no se repita una semana tan fatal.