Sequía de medidas
¿Hace cuánto conocemos el impacto del fenómeno del Niño o del cambio climático? Colombia afrontó la primera crisis por su cuenta en 1997, año en que se expidieron varios documentos Conpes para “mitigarlos”.
Por eso resulta absurdo que el país tenga que realizar consejos de ministros extraordinarios, declarar emergencias humanitarias y “salir a buscar” recursos por esta situación.
Ni las sequías, ni las olas invernales pueden considerarse ya contingencias, son ciclos y por lo tanto prevenibles. El gobierno destinó $35.000 millones para enfrentar la situación.
Escuchar a los ministros decir que la idea es que dichos recursos se inviertan en pozos profundos, distritos de riego y tanques en zonas pobres es desconcertante.
La Costa Atlántica ya se murió de sed, su desertificación es total. Las imágenes de La Guajira son impactantes y todos recordamos las que vimos de Casanare hace pocos meses, ocho departamentos más están en condiciones similares.
Santa Marta lleva seis meses sin agua, se estima que cerca de 100 municipios de todo el país corren el mismo riesgo.
¿Por qué llegamos siempre a atender emergencias?
¿Por qué no tomar las medidas de manera preventiva y no paliativa cuando el sufrimiento de las comunidades y las pérdidas económicas son irreversibles?
Ese parece ser un problema congénito de nuestra administración pública, actuar cuando ya es tarde. Ojalá las acciones para mitigar esta situación sean el inicio de planes integrales para convivir con el nuevo régimen climático.
Por ejemplo, esta semana la Universidad Nacional reveló un pronóstico sobre el aumento de lluvias que tendrá el Pacífico y sus consecuencias en deslizamientos e inundaciones.
¿Qué vamos a hacer antes que suceda? Supuestamente, guerra avisada no mata soldado. En la ingeniería y en la educación están los pilares del nuevo orden pero ambos llevan tiempo.