Sequía, imprevisión y corrupción

La sequía que azotó al Casanare es una muestra catastrófica de la imprevisión, la desidia y la corrupción. Corporinoquía pareciera insuficiente para atender a los entes territoriales que le corresponden (Arauca, Casanare y Vichada); pero es la ausencia de planeación para proteger los ecosistemas.

En el municipio de Paz de Ariporo el desorden ambiental se entronizó; dejaron potrerizar inmensas hectáreas dándole prelación a la ganadería extensiva (que desertiza) en detrimento de los bosques naturales; descuidaron las cuencas hidrográficas; dejaron privatizar sin monitorear las aguas subterráneas con jagüeyes; aumentaron los cultivos de arroz y abusaron del agua en el riego de ese monocultivo; desviaron el río Ariporo para extraer material de arrastre deformando su morfología; los incendios forestales en solo cuatro meses con casi 600 episodios afectaron 20.000 hectáreas; desecaron los humedales y privilegiaron la explotación del petróleo desestabilizando los caudales y las reservas de agua.

Si bien es cierto que el cambio climático afecta en toda la zona, no es la excusa contundente para eximir las tareas de adaptación que deben realizar las autoridades.

En el Casanare están los campos de explotación de Cusiana y Cupiagua; existen 12 empresas petroleras y solo en el año 2012, cuatro licencias de la Anla (Autoridad nacional de licencias ambientales), fueron expedidas para explotar proyectos petroleros en Paz de Ariporo, las licencias las firmó Luz Helena Sarmiento, directora de la Anla, hoy ministra del Medio Ambiente. Sacaron mucho petróleo, pero succionaron todo el agua.

Mil ochocientos habitantes en Yopal, capital del Departamento, han permanecido tres años sin agua, resignados a verla distribuida en carrotanques, porque el acueducto se dañó en el invierno del año 2011. Y nadie ha actuado bien para planificar la solución de reparación.

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    viernes 4 de abril, 2014

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