Serenata… ¡Con ellos también funciona!
Ya iba culminando el día, movido por cierto como consecuencia de mi cumpleaños número 53. Y a continuación de una apretada agenda me encontraba esa noche conversando con unos amigos, brindando gozosamente con ellos y, por supuesto -tema obligado- vaticinando sobre los que podrían llegar a ser los resultados del domingo de elecciones:
Que si pasa Fulano y Mengano a la segunda vuelta, que si no es Mengano sino Zutano, etc. y etc. Y entonces de repente el tararí de unas trompetas nos sorprendió a todos. Giro mi rostro y descubro una fila de mariachis uniformados de negro, con elegantes chaquetas, pantalones ceñidos y corbatas de rebozo irrumpiendo en la estancia donde nos encontramos. Tocan de forma alborozada sus trompetas, violines y sendos guitarrones.
Quedo anonadado, boquiabierto contemplando el sorpresivo y charro espectáculo… ¡Jamás en toda mi vida me habían llevado y dedicado una serenata! De hecho, siempre las creí exclusivas para ellas por una tradición que viene del medioevo cuando el “amor cortés” hacía que los trovadores cautivaran con sus notas y cantos a las esquivas enamoradas.
A medida que se desarrolla mi serenata, fuertes emociones comienzan a invadir por completo mi pecho. Sí, debo aquí concluir que una serenata es en definitiva algo muy, pero muy emotivo. Y a pesar de que no soy el más adepto al género musical ranchero; esas notas me supieron llegar hasta el alma, especialmente una hermosa canción que Ella había hecho preparar especialmente para mí.
Apreciados lectores…De que una serenata enamora… ¡Enamora! Y con los hombres también funciona, incluso me atrevería a decir que hasta mucho más que con ellas.