Series y videojuegos
Recuerdo que fui fanático del videojuego de los marcianitos. Era la época de Pac Man, cuando los preadolescentes nos reuníamos en zonas comerciales para jugar y conocer niñas.
Luego, por arte de la tecnología, el hiper consumismo y la digitalización de hogar, los videojuegos se desenvolverían en los gordos televisores caseros.
Tuve así mi consola Atari y con ella, los videojuegos que me encantaban. Pasaron prontamente los años y me alejé de ese mundo, pero al convertirme en papá lo redescubrí.
Pero ahora los juegos eran más coloridos, más elaborados; con la existencia de mundos, plataformas y la posibilidad de compenetrarnos en un rol específico.
Fue así como me convertí en Mario Bros por una temporada –hasta que mis hijas se crecieron- y aunque nunca llegué a rescatar a la hermosa princesa Peach, recuerdo con complacencia aquellas aventuras.
Nuevamente transcurrieron largos años sin inmiscuirme en ese mundo de los videojuegos, pero a raíz de mi interés por las películas de ciencia ficción descubriría hace unos días una serie llamada The Last of Us.
Su argumento: una cepa de hongos muta y logra parasitar dentro de la especie humana convirtiéndola en monstruos y provocando nuestra extinción.
Me llamó la atención y me sorprendió que la serie se basara en un videojuego con el mismo nombre cuyas imágenes nada envidian a la producción televisiva.
¡Es alucinante lo que la realidad virtual y la realidad aumentada han logrado en el mundo de los videojuegos!
Y la experiencia de la inmersión –ya no solo un mero juego de roles- es sorprendente, impactante y sobre todo atemorizante para quienes, como yo, sufríamos jugando Space Invaders.