Shows de drones en el alumbrado navideño de Cali
Diciembre en Cali siempre ha tenido algo especial. La ciudad se llena, la música vuelve a sonar más fuerte, regresan los que se fueron y llegan visitantes de afuera.
Es, sin duda, el mes en el que Cali más se muestra. Y justamente por eso vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿estamos mostrando todo lo que podríamos?
El alumbrado navideño ha cumplido su papel durante años. Ha sido tradicional, familiar, reconocible. Pero ciudades como Tokio, Dubái o Singapur, que hoy marcan la agenda global, entendieron algo clave: la luz ya no es solo decoración; es experiencia, es relato y es mensaje.
Mientras tanto, Cali sigue haciendo más o menos lo mismo, en una ciudad que claramente podría ir mucho más lejos.
Pensar en shows de luz más avanzados —incluidos shows de drones— no es una excentricidad. Es entender hacia dónde va el mundo.
Las grandes ciudades ya exploran nuevas formas de iluminación urbana y, en escenarios internacionales como Dubái o China, la luz se usa para contar historias, sorprender y posicionar ciudades.
Cali tiene con qué hacerlo. El Bulevar del Río Cali no es solo un paseo peatonal; es un escenario natural.
El Bulevar del Oriente puede convertirse en una vitrina de ciudad incluyente. Los cerros, Cristo Rey y otros puntos estratégicos permitirían construir narrativas visuales distintas, modernas y bien pensadas.
No se trata de competir por quién pone más luces, sino de crear algo que la gente recuerde.
Además, esto no tendría que hacerse de golpe ni a ciegas. Al contrario: podría ser un proceso pedagógico.
Que la gente vea cómo se planean estos montajes, cómo se diseñan las figuras, cómo se prueban los movimientos en el cielo.
Que el alumbrado deje de ser solo un resultado final y se convierta también en un aprendizaje colectivo.
Aquí aparece otra oportunidad que pocas veces se menciona: formar talento local. De la mano del SENA y las universidades, Cali podría empezar a capacitar jóvenes en diseño de shows de luz, programación de drones y producción técnica.
No solo para diciembre, sino como una nueva industria creativa que nazca desde la ciudad.
Todo esto, además, encaja perfectamente con la Feria de Cali. Diciembre es cuando más turistas llegan y cuando más ojos están puestos sobre la ciudad.
Es el momento ideal para proyectar una Cali más ambiciosa, más visible y más contemporánea. Una Cali que no se conforme con repetir fórmulas, sino que se atreva a construir una narrativa distinta, usando símbolos propios y lenguaje actual.
La luz también comunica. Y si Cali quiere mostrarse como una ciudad que piensa en grande, que se mueve y que innova, quizá ya va siendo hora de dejar de colgar luces solamente y empezar, de verdad, a escribir su historia en el cielo.