Sin debates, sin argumentos
La campaña presidencial debería ser una escuela de democracia. Sin embargo, hoy parece un espectáculo de confrontación permanente. Los debates son necesarios y deben multiplicarse.
Colombia necesita escuchar a sus candidatos en distintos escenarios y sobre múltiples temas. No basta un único encuentro superficial. Se requiere contraste de ideas, profundidad técnica y visiones de país claras.
Solo así el ciudadano puede elegir con criterio y no con emoción.
Sin embargo, algo se ha desviado peligrosamente. Los debates han dejado de ser espacios de argumentos. Se han convertido en escenarios de ataque y descalificación.
Lo técnico ha sido desplazado por lo emocional. Cuando faltan razones, aparecen los gritos. Cuando no hay propuestas, surgen los insultos. Esta degradación empobrece la democracia y confunde al elector.
Además, alimenta la polarización que tanto daño nos hace.
La responsabilidad es compartida y no admite evasivas. Los candidatos eligen el tono y deben honrar la altura del cargo que buscan.
Los medios diseñan los formatos y pueden incentivar el espectáculo o la reflexión. Los ciudadanos consumimos estos contenidos y muchas veces premiamos el escándalo.
Este círculo vicioso nos está llevando a un debate vacío. Uno donde se habla mucho pero se entiende poco.
Por eso, es momento de corregir el rumbo. Necesitamos debates temáticos, moderados con rigor y centrados en propuestas verificables.
También necesitamos candidatos capaces de dialogar sin agredir. No todo desacuerdo es una confrontación. Podemos conversar, incluso en la diferencia.
Colombia no puede seguir atrapada en un diálogo de sordos . Recuperar el respeto no es un gesto menor. Es una condición para construir el país que todos decimos querer.