Socavar la democracia

Carlos Cuervo

“Somos la democracia más firme y antigua del subcontinente” es una afirmación pregonada con orgullo por el establecimiento colombiano, pero esta máxima actualmente es solo apariencia.

Acontecimientos como la escasez de tarjetones para la consulta interpartidista, el manto de dudas sobre los resultados de escrutinios en el Valle en la lista del Senado por el Partido Conservador, el hallazgo de una gran suma de dinero y listados de pagos a electores en las oficinas de campaña de una líder de la costa atlántica, el extraño certificado E-11 que el procurador Carrillo pide destruir por violación al derecho a la intimidad, el secreto al voto y el habeas data, y las encuestas de intención de voto evidentemente manipuladas, son pruebas inobjetables de que somos un remedo de democracia.

De igual manera los candidatos con mayor favoritismo han centrado sus campañas en vituperar a sus competidores políticos usando un lenguaje excluyente y discriminatorio, además del engaño al elector aplicando el concepto maniqueo de lo bueno versus lo malo con conceptos como el castro-chavismo impulsado por el candidato de derecha o las arengas del candidato de izquierda a favor de la lucha de clases o contra el despotismo y nepotismo impuesto por el establecimiento.

Estrategias envenenadas para incitar a los prosélitos en contra de sus rivales ideológicos, en un país que intenta superar setenta años de conflicto, generando posturas contradictorias al discurso de honrar la decencia, el pacifismo y la justicia. Igualmente son una afrenta a otros ciudadanos quienes queremos elegir candidatos por la solidez de sus programas, y no por caudillismos mesiánicos y ególatras que no benefician al país.

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jueves 22 de marzo, 2018

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