Solidaridad… más allá de las palabras
Cientos de miles de venezolanos perdieron a familiares y todas sus pertenencias por dos devastadores terremotos; conocidos nuestros se quedan sin trabajo o se enferman de forma grave, perdiendo la estabilidad económica familiar; permanentemente vemos en las calles a desplazados de la violencia de nuestra dolida Colombia; miles de compatriotas no pueden estudiar porque no tienen cómo pagar sus estudios, desplazarse o sostenerse; y no es extraño que algún cercano sea víctima de una estafa o un cuantioso robo.
Ante esas situaciones, ¿qué hacemos?: ¿voluntariado; donamos dinero, víveres o ropa; subsidiamos a alguien; acompañamos y aliviamos el dolor del enfermo; dedicamos tiempo; acogemos a las víctimas…?
¿O simplemente pensamos, y comentamos lo lamentable de la situación, mandamos un mensaje de apoyo, una oración en redes sociales o vamos a una marcha, y ya? Y con eso asumimos que cumplimos una responsabilidad social.
Entender qué significa ser solidario es fácil: Dar algo de sí para ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás. Es una definición genérica, perfectamente comprensible por todos.
Ser solidario demanda una responsabilidad muy grande, que nos obliga a ir más allá de las palabras y de las tradicionales expresiones de “te acompaño en el dolor”, “cuentas conmigo”, “lo siento”, “rezamos por ti”, “aquí estoy para lo que necesites”…
Expresar nuestra tristeza, compasión o dolor por la situación de tragedia, calamidad, enfermedad o cualquier adversidad de otro resulta fácil, aunque muchos lo hacen simplemente por cumplir.
A veces, hasta los minutos de silencio. Eso no es solidaridad. Es solo una expresión, a veces hipócrita o no sentida, que puede traducirse en interés, pero no en acción.
Si bien es importante que quienes sufren se sientan acompañados, es más efectivo cuando su dolor realmente es mitigado por las acciones solidarias, reales, de los otros.
Porque, sí o sí, ser solidario obliga a una actuación directa. Es la expresión práctica de quien tiene como propósito de vida el servir.
Ser solidario no es un simple pensamiento y un buen deseo; es la acción decidida que nos lleva a dar algo de nosotros para aliviar la tragedia de otros: Nuestro tiempo, o dinero, o conocimiento, o habilidades, o dejar de disfrutar de algo, que puedan ayudar a recomponer el camino, ver luz al final del túnel y encontrar que, más allá de las dolorosas pérdidas, hay humanidad, hay posibilidades y, sobre todo, hay vida para seguir adelante.
Ser realmente solidario implica salir de la comodidad de quien no sufre para que el doliente calme su angustia.
Porque quien ejerce la solidaridad sabe que el dolor que experimentan los otros puede llegar a sufrirlo él; que todos somos vulnerables a algo; que al acompañar y dar apoyo al necesitado indirectamente estamos añorando que otros nos apoyen cuando seamos nosotros los desvalidos.
Porque, sin excepción, la dificultad golpea a la puerta de todos; y porque es en las tragedias, las tristezas, las carencias y la incapacidad, en donde podemos descubrir la más hermosa faceta del ser humano.
La solidaridad es una acción y reacción netamente humana, más allá de cualquier diferencia de opiniones.
Tan humana, que todas las distintas doctrinas ideológicas y creencias coinciden en la vulnerabilidad humana y en la necesidad de acompañamiento y de apoyo en las carencias y las tragedias.
“Ama a tu prójimo como a ti mismo”, señalaron los Evangelios Cristianos; el Islam, por su parte, concibió la solidaridad como una redistribución ética, según la cual quien tiene más debe aportar más; para el Judaísmo, cada acto solidario contribuye a “reparar el mundo”; para el Hinduismo, un acto de amor es ver a todos los demás seres como a sí mismo; mientras que el Budismo enseña que hay que ayudar a no dañar a nadie.
La solidaridad nos despierta las fibras más íntimas del sentimiento, aprecio y amor por sí mismos y por los demás. Porque nadie crece, subsiste y triunfa solo, y todos nos necesitamos unos a otros.
Bien lo describió maravillosamente el médico, filósofo y músico alemán Albert Schweitzer, cuando afirmó que la solidaridad es la única salida de la miseria humana, o como reflexionó el arzobispo sudafricano Desmond Tutu: “Mi humanidad está ligada a la tuya, porque solo somos humanos juntos”.