Somos lo que comemos

Rodrigo F. Chois

“Somos lo que comemos”. Afirmación que concierne al mundo culinario dejando de lado las posibles aplicaciones del verbo comer y sinónimos que a veces empleamos para el consumo de información, para los envidiosos, chismosos y para los sicalípticos.

En el caso de esta nota me refiero a la comida, a los alimentos que ingerimos por la boca para sobrevivir, valga la aclaración.

Soy omnívoro. Solo dos o tres cosas conforman el conjunto de lo que jamás comería. Y también soy primitivo en mi relación con el arte del comer.

Me identifico más con el hombre de las cavernas para quien la comida era un simple acto de sobrevivencia y no con el homo sapiens del mundo moderno quien ha desarrollado un complejo y social ritual para alimentarse.

No sabría si es la cultura la que crea la culinaria o si es a la inversa. Lo que sí es cierto es que la gastronomía representa como ninguna bandera las geografías de todo el planeta.

Desde las McDonalds del capitalismo americano, las carnes de la pampa argentina, la comida del Pacífico colombiano, que gusta y que se paga tan bien en el palacio de Nariño, hasta las pizzas italianas. Todas definen idiosincrasias. Y para algunos… ¡Hay de que se adulteren!

Esto parece suceder con el caso de las pizzas. La invención canadiense de la pizza hawaiana ha sido considerada una abominación y una reconocida cadena multinacional americana de pizzerías no pudo con el recio carácter culinario de los italianos.

¿Qué dirían los bravos ragazzos si descubren que en un lugar de Cali a los bordes de las pizzas hawaianas les meten bocadillo?

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martes 18 de octubre, 2022

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