Sra. Rectora Bárbara Temis
Doctora Bárbara: Usted se sorprenderá que después de muchos años de docencia y sólo en víspera de mi retiro voluntario, le escriba qué pienso sobre la institución, su proyecto educativo y la convivencia.
Así no habrá riesgo de importunar varias veces a una dama que impone su autoridad sobre las iniciativas resultantes de experiencias docentes, calificadas carentes del aval de su título doctorante.
Su rectoría asume roles gerenciales: vigila rendimientos de subordinados, revisa documentaciones repetidas, prioriza estadísticas, recibe peticiones formales, abre rutas ante las instancias judiciales, sin priorizar la presunción de inocencia y sin agotar las etapas previas que pueden resolver las situaciones con sentido humanista.
Quiero su liderazgo, pero sin antesalas, promotor de la integración institucional, con espacios de dialogo entre colegas, sin discriminación de conflictos por vinculaciones docentes, 1278 versus 2277, sin investiduras de poder.
Las propuestas docentes no acechan contra la autoridad, la rectoría puede apoyarlas. La convivencia debe iniciar con apretón de manos y actitudes de pertenencia, guiada por una misión que requiera de esfuerzo colectivo y la visión que se trace con humildad.
No sobra que en esta epístola le proponga dos utopías para mejorar la visión institucional: figurar como el equipo aplaudido por millares de hinchas en la región y ser una orquesta emblemática, la más ovacionada de la ciudad. Usted dirigirá las jugadas pedagógicas creativas para ser campeones.
Y levantando la batuta, dirigirá los músicos para que alegren los millares de oídos ávidos de conocimientos. Utopías factibles en instituciones exentas de autoritarismo.
Por favor: no vaya a abrirme ruta, pues mi carta es mera ficción literaria. Gracias.